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“Uy, hija, nada, tómate un Danacol y ya está. Ni te preocupes…” me dijo una amiga.

¡Y se quedó tan ancha!

Suerte que nuestra amistad es fuerte, que si no, no la contesto y ya está. Pero me quedé preocupada, ya que a día de hoy, todo el mundo habla del colesterol, pero muy poca gente sabe de dónde viene y por qué es peligroso para el corazón. Vamos a ello.

El colesterol es una sustancia oleosa que existe naturalmente en todo el organismo. Y además es necesario para su buen funcionamiento, pero un exceso en sangre, combinado con otras sustancias, forma placas de ateroma, que llevan a la calcificación y obstrucción de la arteria. Esta obstrucción llamada aterosclerosis presenta unos factores de riesgo para cada individuo, y tienen un papel muy importante. Sucede en el transcurso de los años, hasta llegar a obstruir limitando el flujo de sangre al corazón. Finalmente, esta placa de aterosclerosis puede romperse y formar un coágulo de sangre en la superficie de la placa que bloqueará en su mayor parte o en su totalidad el flujo de sangre a través de la arteria coronaria afectada, con el consecuente evento coronario agudo, que en su mayor gravedad es infarto agudo del miocardio. Si el flujo de sangre no se restablece rápidamente, esa parte del músculo cardíaco comienza a morir. Y si la persona no recibe tratamiento rápido, puede causar problemas graves e incluso la muerte o un daño permanente.

En la mayoría de países, las enfermedades cardiacas son la primera causa de muerte por enfermedad. Esta enfermedad no tiene distingos de clases sociales y también puede impactar incapacitando a los sobrevivientes del infarto del miocardio, ya que muchos de ellos quedan con lesiones graves como insuficiencia cardiaca, que los ponen en condiciones de dependencia económica y social.

Los principales factores de riesgo para padecer enfermedad coronaria son:

1) Concentraciones altas de colesterol y triglicéridos en la sangre (Dislipidemia). Incluidas las concentraciones altas de colesterol LDL (conocido también como colesterol malo) y las concentraciones bajas de colesterol HDL (conocido como colesterol bueno).

2) La presión arterial alta, cuyos niveles de corte pueden ser incluso más bajos en ciertas poblaciones jóvenes que tienen otros factores de riesgo, como diabetes mellitus.

3) Tabaquismo o hábito de fumar tabaco.

4) Diabetes Mellitus y Resistencia a la insulina, que puede llevar a Diabetes, que contribuyen a inflamación y eventos de trombos en las arterias coronarias.

5) El sobrepeso y obesidad. Somos un país de obesos con alto riesgo de enfermedad coronaria.

6) Inactividad física, que además empeora otros factores de riesgo antes descritos

7) Los antecedentes familiares de enfermedad coronaria y el tener mayor edad o edad avanzada, que para el hombre es mas de 45 años y la mujer mas de 55 años. En este grupo entra también los niveles hormonales alterados (menopausia).

Existen hoy en día otros factores de riesgo reconocidos, que no son los tradicionales y que ayudan al médico a identificar a un grupo de pacientes que requieren de una vigilancia más estrecha. Entre ellos, las concentraciones altas de lipoproteína “a” minúscula, cuyo gen está involucrado en la inflamación y aterosclerosis; los niveles altos de proteína C reactiva (PCR) en la sangre que indican que hay inflamación en el cuerpo y en las coronarias, las de fibrinógeno y hemocisteína que hacen más susceptible a los individuos de eventos embólicos, no sólo a nivel cardiaco sino cerebral (infartos). También existe asociación con otras enfermedades como la apnea del sueño, la artritis reumatoide y la preeclampsia.

Los cambios en el estilo de vida, los medicamentos y las intervenciones médicas pueden ayudar a prevenir o tratar la enfermedad coronaria. Estos tratamientos pueden reducir el riesgo de presentar problemas de salud relacionados con esta enfermedad.

Ahora que conmemoramos el Día Mundial del Corazón, debemos reflexionar y tener presente que la modificación de estos factores de riesgo, sobre todo en poblaciones como la española, en donde la prevalencia de obesidad está empezando a preocupar, que el realizar campañas de educación para la salud cardiovascular y modificar nuestros malos hábitos, podría generar un impacto positivo.

Así que, en la medida de lo posible, debemos fomentar hábitos de vida saludable, una buena alimentación y un control periódico de ese colesterol que, aunque por conocido, nos cae tan mal.